Sención Reyes está cansado. Su rostro arrugado resume 55 años de trabajo continuo, como obrero en el muelle de Santo Domingo. Ya no tiene más fuerzas para seguir. Pero quedarse en casa sentado significa apresurar el fin de sus días. No tiene salida.
De la boca de don Sención solo salen lamentos. Tiene 75 años de edad y no goza de una pensión dec
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